Amor, lo siento, cometí un error…

Amor, lo siento, cometí un error…
Habíamos pasado una velada espectacular, todo tranquilo y lleno de risas, me gusta cuando lo veo así, feliz y chispeante, obvio me había regañado por un par de cosas, sobre todo por esta maldita manía de llevarme los dedos a la boca, lo habíamos pasado tan de maravillas que no me di cuenta y cometí un error.
Las diferencias culturales a veces te pueden jugar una mala pasada, y aun que yo soy bastante apática para el común de las latinas, conozco muchas de varios países y yo soy como un hielo a su lado, en relaciones sociales creo que en la intimidad soy una melosa.
Pero es que nunca había conocido alguien con quien no estar a la defensiva y simplemente ser yo, no había conocido en el mundo alguien con mis intereses y con una forma de ver la vida y la cotidianeidad igual, que piensa en mi y que se preocupa de mis cosas, que no olvida lo que hago ni preguntar por mi retoño.
Por eso con él me siento tan en confianza y aun que la mayor parte del tiempo estoy roja de vergüenza por sus comentarios, adoro mi cara ardiendo y adoro su cara de enojo, adoro sus regaños y por sobre todo lo adoro a el.
No te enojes conmigo, hoy sentí una “ley de Hielo” he llorado tanto, si te tuviera cerca te pediría que me castigaras por mi comportamiento, pero te tengo tan lejos…
Me veo en tus rodillas mirando el suelo y viendo como mis lágrimas corren por mi cara o saltan lejos con los golpes que me das, veo que estas enojado y has dejado de darme nalgadas, creo que se acabó pero no me sueltas, pasas una pierna sobre mi, sujetando mis piernas y siento el cepillo de madera en mis nalgas rojas y adoloridas, lloro con fuerza y tu me regañas, me dices que me calle o vas a ir por tu cinturón, trato de calmarme, me duele mucho, pero me duele el alma, se que por lo menos te hice sentir incómodo, y que debo entender que venimos de culturas distintas y que si no lo recuerdo, voy a pasar la mitad de la vida con la cola adolorida, ya no veo el suelo, tengo los ojos cerrados y me muerdo los labios para no gritar, termina el castigo, y me mandas a una esquina, no se cuanto tiempo pasa, pero ya tengo frío, tu estas acostado leyendo, yo ni me muevo, hasta que me pides un vaso con agua, yo voy a la cocina y te lo traigo, te pregunto si puedo acostarme y me dices “por supuesto” me acuesto a tu lado y tu apagas la luz y te duermes, yo con todo lo ocurrido he perdido el sueño y sólo quiero hablarte y explicarte miles de cosas que pasan por mi cabeza, trato de despertarte con suavidad, pero no pasa nada, te hablo y no me contestas, entonces pego un grito fuerte, enciendes la luz y dices “lo sabía” sacas desde debajo de tu almohada tu cinturón, mueves el dedo índice en círculos para que me de vuelta sobre la cama, me dices “van a ser 10, un grito y comienzo de nuevo” yo muerdo mi almohada y cuento mentalmente, llevamos 12, me quejo y me dices “te doy cuantos quiera, eso lo decido yo, no tu, no te había pedido contar, pero ya que eso quieres, trae el paddle, te voy a dar 10, los vas a contar para mi”, voy por el paddle y cuento los 10 y uno más. Apagas la luz y me das las buenas noches, estoy cerrando mis ojos y te siento acariciar mis nalgas adoloridas…


bea18 dijo
Hola, guapa!!!!!!!
Por fin me deja la página esta ponerte un comentario!!! De todos modos no me extenderé porque tengo que irme a dormir. Sólo decirte que me encantó el relato! Sabes qué título le pondría? "La paliza perfecta". Gio, en ese relato, usa de todo en su justa medida. Me chifla!!! Muy lindo :D.
Un beso, guapa. Y otro a Gio. Ciao!!!
28 Agosto 2006 | 12:22 AM