La Disciplina Doméstica Vista por un Spanker

No se como se contactan conmigo, pero es un honor, desde Bea que ya es mi amiguis y charlamos casi todos los días a aquellos que me han mandado mail de ánimo y felicitaciones.
Bueno, agradesco a .... spankee que me contactó con Luis, spanker, quien a su vez me envió varios relatos de Disciplina Doméstica salidos de su experiencia de vida como me lo confesó, este relato de él y su esposa es real.
Gracias por escribirlo...
INCONSTANCIA
Era una hermosa tarde otoñal de finales de Septiembre, no sé la razón por la cual a todos nos ocurre igual cuando termina el verano, intentamos comenzar proyectos nuevos, retos nuevos, esto en Susana era obsesivo, cada Otoño comenzaba algo que jamás terminaba, es más, a veces, en pocos días lo había abandonado, esto la hacía deprimirse, sentirse mal consigo misma, lo que hacia que yo me sintiera mal por ella. Este Otoño no iba a ser diferente, era Sábado, habíamos ido a cenar a un restaurante, hablábamos de nosotros, de nuestros planes de futuro, hasta que –Luis, voy a hacer un curso de doctorado- no me sorprendió un año era aprender a pintar, otro aprender a escribir cuentos, otro aprender a montar a caballo...... etc, -Susana, sabes que después no tienes tiempo de hacerlo y te sientes mal, piénsalo bien- -¿Es que me crees tan inútil como para no ser capaz de hacerlo?- -Sabes que no, sabes perfectamente que te considero inteligente y que sé que eres capaz de hacer cualquier cosa- - bien, he decidido hacerlo y lo haré- -Bien, pero esta vez voy a ayudarte, si no terminas el curso, te castigaré, es mas, a partir de ahora, cada vez que dejes de hacer algo que debas hacer, te castigaré también- Sonrió –De acuerdo, pero esta vez lo haré bien- continuamos hablando normalmente, sin tocar ese tema en toda la cena. Yo sabia que, quizás, debía haber hecho eso mucho antes, ella me dijo en una ocasión que, cuando era pequeña, sus padres nunca la castigaban, y cuando veía que a sus amigos si les ocurría, pensaba que sus padres no la querían, por lo que necesitaba que su pareja la castigara para ayudarla a superar todos sus malos hábitos.
Pasaron tres meses, estaba próxima la Navidad, durante ese tiempo la había azotado varias veces, la mayor parte de ellas por “aplazar las cosas”, por no hacer las cosas a las que se comprometía en el momento que debía hacerlas, y he de reconocer que el sistema estaba funcionando, su trabajo lo iba terminando en las fechas que debía, o, al menos, eso me decía. En numerosas ocasiones le había preguntado por su curso de doctorado y siempre me respondía que todo iba muy bien.
Aquella tarde escuchábamos música mientras colocábamos los adornos de Navidad en la casa, notaba que estaba demasiado callada, la mirada triste, sabía que algo le ocurría -¿qué te pasa Susana?- -Nada- No dije nada mas, más tarde o más temprano me lo contaría. Se acercó a mí, me abrazó, escondió la cabeza en mi cuello y comenzó a llorar, la deje llorar abrazándola muy fuerte, acariciándola, mí mano entre sus cabellos. Se tranquilizó, nos sentamos –Luis, te he engañado, abandoné el curso a los 15 días de comenzar, solo fui a clase dos veces, no he hecho los trabajos que tenía que hacer, no sirvo para nada- la besé en los labios y cogí su mano –Susana, esto no puede seguir así, nadie te obliga a comprometerte a hacer cosas, pero lo haces y cuando no terminas te haces daño a ti misma, además me has mentido, tienes 36 años y debes empezar a ser responsable de tus decisiones, voy a darte una buena zurra por esto y a partir de ahora todos los Viernes te daré una zurra para que recuerdes que debes ser responsable y constante ¿Entiendes? Ya sé que el dinero no es tu problema, pero ¿Sabes cuanto has tirado en ese curso? 600.000 pesetas. Te voy a dar la zurra ahora, vamos a la habitación- casi en un susurro preguntó -¿Me va a doler?- siempre preguntaba eso antes de un castigo, quizás como la constatación de que realmente era un castigo –Si amor mío, no es un juego-
Subimos a la habitación cogidos de la mano, entramos, la solté y fui a buscar los objetos con los que pensaba azotarla, se quedó de pie, quieta junto a la cama, cogí el cepillo, la zapatilla y el paddle de cuero, me senté sobre la cama, coloqué lo que había cogido a mi derecha sobre la cama, desabroché su pantalón vaquero y se lo quité, después sus bragas, me levanté y la abracé muy fuerte, me abrazó también, nos besamos en los labios, me senté sobre la cama, la ayude a colocarse sobre mis rodillas, subí su jersey hasta la mitad de su espalda, le susurre: -Te quiero-, no respondió.
Comencé a pegarle con la mano, fuerte desde el principio, comenzando por la parte de debajo de sus nalgas, alternando ambas y subiendo hacia arriba, después bajando otra vez, no sé por cuanto tiempo, ella permanecía inmóvil, sin quejarse, sin llorar, sentía el calor que la zurra había provocado en sus nalgas y veía como habían cambiado de color.
Cogí, a continuación el cepillo, comencé a pegarle con él, en la nalga derecha, igual que antes, de abajo hacia arriba, esta vez comenzó a moverse, su mano derecha cubrió su nalga en varias ocasiones, hasta que cogí su muñeca con mi mano izquierda sujetándola sobre su espalda. Cuando hube completado cincuenta golpes en su nalga derecha, hice igual sobre su nalga izquierda, otros cincuenta, continuaba sin llorar o quejarse, se movía, pero ya no podía cubrirse las nalgas, su mano estaba bien sujeta.
Sus nalgas estaban muy rojas y con algún cardenal, pero sabía que debía continuar un poco mas, no debía ocurrir como en alguna otra ocasión, en la que me había dicho que no le había pegado suficiente, que necesitaba más para sentirse castigada.
Tomé el paddle y empecé a darle con todas mis fuerzas, no muy rápido, pero si eligiendo el sitio de sus nalgas donde pegaba, repitiendo varios golpes en el mismo sitio, me había cansado de contar, por lo que mire el reloj y la azoté con el paddle durante cinco minutos, seguía sin llorar o quejarse pero ya no podía estar quieta, tras esos cinco minutos, le di diez golpes mas muy rápidos y fuertes en cada nalga y solté el paddle.
Le di masajes en las nalgas durante un rato, permaneció inmóvil, la ayude a levantarse, se sentó sobre mis rodillas, me abrazó muy fuerte y comenzó a llorar, la abracé muy fuerte y la dejé llorar, sabía que necesitaba eso después de cada zurra.
Lloró al menos 10 minutos abrazada a mí, se fue calmando poco a poco, la besé en el cuello, nos besamos en los labios, durante mucho tiempo, sin decir nada.
-¿Te ha dolido?- -Si, pero me lo merecía, siento mucho no haber hecho el curso y haberte mentido. Mientras me pegabas, quería llorar pero no podía- -Sabes que te quiero ¿Verdad Susana?- -Si, solo alguien que me quisiera podría hacer eso y solo a alguien me quisiera como me quieres tu se lo permitiría-
La tendí boca abajo en la cama y empecé a cubrir sus nalgas de crema y a darle masaje con la crema en las nalgas, esta vez no estaba callada, emitía algún gemido de placer. –¿De verdad me vas a dar una zurra todos los viernes?- -Si, cinco minutos cada viernes, creo que servirá ¿Te opones?- -No-
Nos dimos otro beso muy largo en la boca.
LUIS RAMOS.


IEPI dijo
que es esto? O_o
10 Septiembre 2006 | 11:16 PM