DIVAGACIONES SOBRE UN FIN DE SEMANA.

El fuerte olor a azahar me evocó recuerdos, siempre hermosos, nuestra mente casi siempre bloquea lo desagradable, de otros tiempos, pero mientras paseaba a lo largo del margen del río sentía que esa ciudad, que en otra época me había fascinado, en la que, quizás, hasta llegue a ser feliz, ya no era mi ciudad, tal vez porque los lugares no son nada si no están asociados a nuestros estados de ánimo, me interné en el parque, no fue buena idea, la suciedad y el descuido lo inundaban todo ¿Para que lo van a limpiar si hagan lo que hagan seguimos votando a los mismos? ¡Grave tragedia de nuestro pueblo! Pero ¿Qué me importa la ciudad si lo que quiero es irme lejos? Me senté en el césped, los pavos reales cantaban su danza nupcial, los machos, ufanos, exhibiendo sus vivos colores y su cola abierta ante las hembras, parecía que había sido ayer cuando, en ese mismo lugar, había tenido mis primeros juegos eróticos con aquella chica, Alicia, Parecía que había sido ayer, pero había pasado un siglo ¿Qué habría sido de ella en estos 25 años?

La historia de estos tres últimos días había sido rara, quería ordenarla, resumirla, reducirla a hechos y conclusión.

Había llegado al aeropuerto una hora antes, siempre me ocurre igual, por no llegar tarde siempre llego temprano, me entretuve en pasear por las tiendas para matar el tiempo, compré un peluche, a ella le encantaban los peluches, los tenía a cientos, era una osita con un babero en el que estaba escrito Daisy, era el nick con el que la conocí un día en un chat de internet.

Algo interrumpió mis pensamientos: How can I get to Plaza de España? Ahead on the left. Estuve tentado de decirles que no fueran ¡que vergüenza! ¿Qué puede pensar un giri de un pueblo que no es capaz de cuidar el monumento más bonito de la ciudad?

La megafonía anunció el aterrizaje del vuelo, la vi salir por la puerta, la besé en los labios ¡Que difícil es dar un beso apasionado a un trozo de hielo! Musitó –hola- después de todo igual eran imaginaciones mías, el hielo no habla.

Llegamos al coche ¿Quieres pasar por mis casa o vamos a la playa directamente? Como quieras. Coloque un CD y comencé a conducir. Silencio. Me concentré en la música. Entré en la autopista, 130, 140, 150, 160…… había elegido el cd a propósito, la música nos envolvía, el volumen muy alto: “Océanos en calma se harán en noches largas…” ¿No tienes otra música? Mira en la guantera “Mareas en movimiento que en el peor momento nos funda en un abrazo” ¿Puedo poner la radio? Como quieras “No habrá nadie que te quiera mas….” Dejó de sonar la música, cogí su mano, -coge el volante con las dos manos- me dan ganas de parar y darle una zurra en ese momento, sonrío, imagino los coches frenando para ver el espectáculo. ¿Qué has hecho para querer que te de una zurra muy fuerte? Luego hablamos……. Silencio. Me concentro en la autopista y el paisaje, siempre me fascinaba ese cambio de paisaje, de olor, hasta de clima, la sensación de que entrabas en otro país, cuando solo te habías alejado 70 km.

Llegamos al pueblo, aunque se había “civilizado” bastante en los últimos diez años, aún conservaba aquel cierto aspecto de lugar inexplorado por el turismo que me fascinó hacía 20 años, cuando por azar lo encontré. Siempre me ha fascinado el mar, mirarlo, olerlo, introducirme en el agua, pero la magia se rompe, al menos para mí, cuando en lugar de a mar huele a coco, cuando en lugar de pisar arena se pisa asfalto, cuando en lugar de pasear por la playa lo tienes que hacer por un paseo marítimo y cuando la playa esta oculta por miles de cuerpos, como rebaños, que hacen peligrar el equilibrio de los vendedores de todo, que vocean sus artículos sin dejarte oír el ruido del agua.

Entramos en la casa, colocamos las cosas en el dormitorio. Es casi la hora de comer ¿Vamos? Si. ¿Prefieres restaurante o sitio típico de aquí, al aire libre? Quiero “pescaito frito”. OK.

El bar tenía una vista preciosa, era una de esas casas blancas típicas del Sur, la terraza, donde están las mesas, está cubierta de parras y se puede comer mirando el mar. Hacía varios años que no iba por allí, pero me recordaban. Hola ¿Cómo está usted? Hacía tiempo que no venia. Su ¿amiga? Si ha venido varias veces. Sonreí. Te presento a mi nueva amiga: Susana. Vaya, he metido la pata. No, no tenemos secretos…….

Asumiendo mi papel de “macho” dominante y protector, que es lo que a ella le gustaba, pedí la comida: Ensalada de marisco, coquinas, filete de marrajo y frito variado.

¿Puedo saber que te pasa? No es nada que tenga que ver contigo, solo tiene que ver conmigo. Pero no puedes pretender que te de una zurra sin saber si has matado a alguien o has terminado tarde tu trabajo, como siempre. Igual es algo que no he hecho pero que quizás haga. ¿Si te zurro no lo harás? No se, pero si lo hago me sentiré menos culpable. Bien, lo haré, ¿Recuerdas nuestras reglas? Si claro. Pues serán veinte minutos con el cepillo. ¿Me va a doler? Cariño ¿No es un castigo preventivo lo que quieres? Pues claro que te va a doler. Si lo haces es importante que lo hagas bien, si no, no serviría para nada. Ok. ¿Quieres postre? Si, helado de chocolate. Por favor, helado de chocolate y café……. La cuenta…..

¿Quieres ir la playa? Vale.

Estaba tendida sobre una toalla en la arena, la miraba, sentado, mientras jugaba a pasear mi dedo sobre su piel. ¿Vamos al agua? No, es de locos meterse en el agua en marzo. Pues yo si voy. Me introduje en el agua, estaba muy fría, pero me encanta el agua fría, además el agua del Atlántico siempre esta fría, la miré a lo lejos desde el mar, seguía tendida, inmóvil.

Salí del agua, me acerque despacio y la besé en los labios. No te acerques, estas helado. ¿Seguro que solo yo estoy helado? ¿Qué quieres decir? Nada y en cualquier caso una parte de tu anatomía pronto estará muy caliente ¿No?.......

Comenzó a hacer frío en la playa, nos fuimos, llegamos a la habitación del hotel, me di una ducha. No puedo esperar mas, por favor, hazlo ahora. De acuerdo.

Fui a mi bolsa y cogí el cepillo del pelo que habíamos comprado hacia algo mas de un año con el fin exclusivo de sus zurras, era de madera, excluido el mango, media unos 14 cm de largo y 8 de ancho, me acerque a ella, estaba de pie, junto a la cama, la bese en los labios como hacía siempre antes de darle una zurra, me devolvió el beso y nos abrazamos muy fuerte, esperé a que me soltara, me senté sobre la cama, se tendió sobre mis rodillas, baje su pantalón corto y sus braguitas a la altura de las rodillas y subí su camiseta hasta media espalda, comencé a golpearla muy fuerte con el cepillo, alternando ambas nalgas y cubriendo toda la nalga con los golpes, empezando por abajo, cerca de los muslos y ascendiendo poco a poco. Siempre me había sorprendido que, aunque siempre la zurraba muy fuerte, era lo que me había pedido cuando comenzamos a ser pareja y lo que habíamos acordado, nunca se quejaba ni se movía, a veces intentaba taparse con la mano para retrasar unos segundos el siguiente azote, pero contadas veces. A los cinco minutos sus nalgas estaban muy rojas y comenzaban a formarse algunos cardenales, pero me había pedido veinte minutos y la iba a azotar veinte minutos. A medida que el tiempo pasaba, empezaba a taparse con la mano mas frecuentemente, pero no se quejaba, agarre la muñeca con la mano izquierda sobre su espalda y continué, azotándola fuerte, sus nalgas se habían convertido en un mapa.

Habían pasado solo 17 minutos, pero estaba seguro que ella no lo sabía, no podía pegarle más.

Ya esta cariño. Se levantó e hizo lo que siempre hacía, sentarse sobre mis rodillas, abrazarme muy fuerte y llorar por largo tiempo con su cara en mi cuello.

Se calmó, la tendí boca abajo en la cama y cubrí sus nalgas de crema. La vestí, después de la zurra le encantaba que la trataran como a una niña pequeña.

El fin de semana transcurrió con igual tónica, quizás se mostraba algo más cariñosa. Como era costumbre, no hablamos más sobre la zurra.

Estábamos por fin en el aeropuerto. Tengo que decirte algo, igual te hago daño, por eso quería la zurra. ¿Qué? No estoy segura de nada, tengo que decidir, o me caso contigo o no nos vemos más. Vaya, tienen poco de común esas dos decisiones ¿No ves la diferencia entre una y otra? No seas sarcástico, quiero que estés un mes sin ponerte en contacto conmigo, dentro de un mes nos veremos y te diré mi decisión. Piensa, cariño, que esto no es un partido de frontón, es un partido de tenis y siempre cabe la posibilidad de que la respuesta que obtengas dentro de un mes no sea la que obtendrías hoy. Me arriesgare.

Me beso en los labios, me susurro: Te quiero mucho, y desapareció llorando hacia las puertas de embarque.

Los pavos reales seguían con sus danzas nupciales, me levanté y salí del parque, bueno un mes pasa pronto aunque ¿Merecía la pena seguir con ella?

Luis.