Ya era tarde, pasaban de las 15 Hrs. Y yo aun no terminaba el informe que tenía que entregar a las 15:30, sabía que no terminaría a tiempo y seguramente eso me costaría el trabajo, ya hacía meses que no podía sentarme y trabajar en paz, pensaba todo el día en nalgadas, en azotes, en palmadas y cuanto nombre tenía relación al spank.
Había tratado sin éxito de enojar a mi marido, no haciendo los quehaceres de la casa, olvidando sus encargos del supermercado, llegando tarde sin avisar y saliendo varios fines de semana seguidos con mis amigas, pero nada, él siempre tan pacifico y sereno, su paz no podía alterarse con nada, así es que mejor opté por buscar la disciplina que necesitaba fuera del hogar.
Así fue como comencé una escalada de faltas laborales, mi jefe si que era un hombre de carácter fuerte, lo había visto regañar seriamente a varios colegas hombres, pero con las mujeres tenía más paciencia, y justamente eso quería yo, acabar con su paciencia y que me regañara, para poder desautorizarlo y que todo terminará en una paliza memorable, así es que cuando llegó la hora de la entrega de mi informe, me acerque a la oficina de mi jefe con unas hojas sin concluir y unas malas ideas en un cuaderno, golpee la puerta y mi jefe respondió que pasara, cuando entré hablaba por teléfono, le gritaba algo a alguien y parecía muy molesto, en un momento pasó por mi mente arrepentirme de esa situación, pero justo cuando me preparaba para salir, colgó el teléfono y me miró seriamente, se cruzo de piernas y me dijo
– señorita Valentina… espero me traiga un buen informe, su productividad en la empresa a disminuido considerablemente estos últimos meses, y como usted sabrá yo no tolero a los malos empleados- yo estaba ruborizada y trataba de esconderme en la silla del despacho, entre los papeles y el cuadernillo, en eso extiende su mano hacia mi – a ver… veamos ese informe- yo trato de comenzar a explicar que aun no está terminado, pero él arrebata los papeles de mi mano, y comienza a leer, a los minutos me mira fijamente, levanta una ceja y me dice – es acaso esto un informe responsable, de una ejecutiva a mi cargo- yo contesto que no moviendo la cabeza de un lado al otro, el se levanta y se acerca a donde yo estoy sentada, se para a mi lado y yo bajo la cabeza para escuchar el sermón, pero en vez de eso escucho una dulce voz que me dice – ¿en qué he fallado como su jefe, señorita Valentina? – yo levanté la vista y vi una especie de padre conciliador, tratando de hacer un esfuerzo máximo para no poner a esa hija malcriada en sus rodillas, haciendo su último esfuerzo por permanecer sereno frente a la falta tan grave, me mira a los ojos y me dice – conteste, con confianza, quiero saberlo- yo bajo nuevamente la mirada y le digo – es que muchas veces he sentido que ha sido muy blando conmigo, creo que no me ha castigado por mis faltas y por eso las he repetido- el acierta con la cabeza y me dice – y bueno, ¿cómo esperaba que castigara a una mujer adulta que sabe cuales son sus funciones dentro de la empresa?- yo me ruboricé, ese era el momento, si se lo pedía mi sueño se haría realidad, era cosa de unos minutos para sentir como me inclinaba sobre el escritorio y comenzaba a azotarme, tragué saliva y le dije – creo que unos azotes me hubiesen llevado por el buen camino- él me miró y lanzó una carcajada –no lo decía yo… usted señorita Valentina, esta profundamente perturbada, es por eso que la empresa la libera de sus funciones, puede limpiar su escritorio y pasar a retirar su cheque en tesorería- casi muero de la impresión, traté de seguir hablando pero todo fue en vano.
Cuando llegue a casa, dejé la caja con mis cosas sobre la mesa del comedor, fui hacia la pieza que estaba toda desordenada y tiré mi ropa y mis zapatos donde cayeran, fui al baño a darme una larga ducha, recordé que mi esposo traería unos amigos a cenar y a ver un partido de fútbol, así que compraría unas pizzas con lo del finiquito, entré en la ducha y lloré largamente el haber arruinado mi carrera por una tontería, por una fantasía tan infantil, por querer ser una niña regañada y castigada.
Cuando salí del baño me dirigí a la pieza, cuando entré estaba mi esposo, solté la toalla y corrí hacia él lo abracé y lo besé con fuerza, quería darle las gracias por haber sido tan buen marido y que desde ahora me pondría mejor y cuidaría de él y de la casa y nunca más lo descuidaría por nada del mundo.
Mientras lo abrazaba sentí como me tomaba la mano y la ponía tras mi espalda, en un movimiento brusco me dio la vuelta, me apoyó sobre la muralla y cuando abrí las piernas pensando en que haríamos el amor de pie, como nunca lo habíamos hecho, sentí una fuerte nalgada, quedé paralizada, pensé que bueno sería eso del sexo hardcore, nunca lo habíamos hecho con fuerza y aun que me gustaba mucho el papel de sumisa en la cama, siempre había soñado con que me tomara por la fuerza, que me diera unos azotes y me tirara el pelo mientras me penetraba con fuerza, mientras yo me aferraba a la cama y gritaba “mas fuerte, más fuerte, quiero que me duela” estaba divagando cuando sentí el segundo azoté, y luego otro y otro más, comencé a desesperarme, el apretaba con fuerza mi brazo empujando mi espalda hacia la muralla sin soltarme, y uno tras otro los azotes caían sobre mi cuerpo mojado, comienzo a vivir mi fantasía, pero ya no la quiero, me duele, pensé que sería placentero pero no es así.

Me suelta la mano y yo caigo al suelo, retrocede unos pasos y me dice – mírame Valentina, ¿qué te crees? , primero dejas botada la casa, luego me dejas botado a mi y ahora dejas botado el trabajo, es el colmo, no lo voy a tolerar!-
Sale de la pieza y yo me tiro a llorar sobre la cama, no sólo había arruinado mi carrera por una fantasía infantil, sino que la había conseguido y no me había gustado, tenía pena de haber descuidado a mi esposo, de haberlo hecho llegar al extremo de golpearme para hacerme entender mi error, seguramente él estaba llorando en el living, atormentado por lo que había hecho, no tardaría mucho en volver a la pieza a pedirme perdón por lo sucedido y yo lo perdonaría, no había sido su culpa.
Miro de reojo el espejo y lo veo entrar con la cabeza gacha, me doy vuelta para disculparlo y veo que está sacándose los pantalones, suelta su cinturón, pero no se baja nada, de sienta en la cama con el cinturón en la mano, me mira fijo y me dice – sobre mis rodillas, ahora!!!- yo comienzo a temblar, no puedo hacerlo, no puedo ponerme sobre sus rodillas, me va a castigar por haber sido mala chica y me va a doler mucho, siento un fuerte grito – Ahora dije!!- me levanto y me recuesto sobre sus rodillas, me avergüenza la posición, no quiero lo que va a pasar, un segundo después siento como es ser azotada con un cinturón, trato de incorporarme pero no puedo, mi brazo esta en mi espalda y mis piernas por mas que se mueven no pueden librarse de los azotes, me arde la cola, me arde la cara de tanto llorar, me duele el brazo que me atrapa a las rodillas de mi marido, no puedo más.
El castigo termina, mi esposo me deja en la cama y siento vergüenza que me vea, no por estar desnuda, sino por estar castigada, me arden las nalgas, lo miro con la cara llena de lágrimas y le suplico perdón, lloro sobre la cama, ya no me importa mi carrera, ni mis trancas, no me importa mi fantasía, sólo me importa él y el haberlo hecho enojar, estoy tan tranquila como nunca en mi vida, fue la primera y la última vez que llego a este punto.
Él se recuesta en la cama conmigo y me abraza, me pide que deje de llorar y me pregunta si lo amo… claro que lo amo, lo amo más que nunca, más que a nadie en este mundo y se lo digo, feliz, complacida, plena.
El se incorpora y me recuerda que vienen sus amigos, yo asiento con la cabeza y me cubro con la ropa de cama, el toma la ropa de cama y la tira lejos de mi, me mira fijamente y dice – que parte no entendiste, a limpiar la sala y a cocinar!! Basta de niñerías y si no te gusta te quedas callada, un reclamo que salga de tu boca y vas a ver lo que te va a pasar!!- me incorporé y me vestí enseguida, no se si mi marido me dará otra zurra como la de hoy, pero no quiero averiguarlo hoy mismo.