Tenía las manos atadas a la espalda, los ojos vendados y la boca amordazada, distinguía a lo lejos una melodía romántica de los años 70s.
Hacía siglos tenía esta fantasía, según me han dicho es muy común entre las mujeres. Luego de buscar pañuelos para manos, ojos y boca; luego de haber repasado mil veces el plan y tras haber descansado en profundidad para no estar ansiosa y no poder aprovechar el mágico momento, estaba lista, lista para ser vejada.

La idea de la violación y el spank siempre me han acompañado, el castigo a la fuerza y la fuerza del castigo sexual, me pone la sangre ardiente y desata en mí actitudes atípicas y desinhibidas.

Me ató las manos, cubrió mis ojos y sello mi boca tal como lo habíamos dicho, salió de la habitación a esperar, a estar listo, yo… estaba lista hacía años para esa experiencia, siento la puerta abrirse y comienza el juego, no hay vuelta atrás, no hay palabras de emergencia ni nada de esas cosas que no nos gustan, esto es un castigo y aparte de spank incluye…

Me tomó con fuerza hasta dejarme arrodillada en el suelo, con firmeza pero sin brusquedad hundió mi cabeza hasta alinearlas con mis rodillas y así expuesta y despojada de algunos sentidos, sentí el golpe seco del paddle sobre mis nalgas, había sido despacio lo sabía y aun que yo quería ser completamente vejada esa noche, él seguía cuidándome, los golpes se sucedieron uno tras otro con la misma intensidad, pero ya me picaba la piel, un segundo después y siento el golpe esta vez bajo las nalgas, donde comienzan las piernas, traté de gritar de dolor, pero el pañuelo ahogó el grito, pensé estar en problemas, y si de verdad necesitaba decirle algo, no podía hablar y le había pedido específicamente que jamás, jamás dejase incompleto algo que habíamos iniciado, eso me generaba un tremendo disgusto, imaginaba todas aquellas veces en que quise ser nalgueada con anterioridad a él y no lo fui gracias a mis artimañas y manipulaciones, así que ya no, sabíamos que intentaría detenerlo, pero sabíamos que no era eso en realidad lo que quería.

El paddle dio paso a su cinturón que salió lentamente desde sus pantalones hasta encontrase con mis nalgas desnudas, el sonido era increíble, no era demasiado fuerte, pero ya sabía que luego de unos momentos comenzaría el dolor, su cinturón acariciaba mis nalgas en algunos momentos y subía masajeando mi espalda, hasta que en un momento quedó enganchada en mi cuello, como arnés que me impulsaba a levantar mi cabeza arqueando mi cuerpo, apoyando mis manos en loto y dejándome en cuatro, como una bestia condenada a ser usada para dar placer carnoso, sentí sus manos abriendo mis piernas y sentí su cuerpo fundirse con el mío, estaba húmeda de transpiración, la excitación de mi cara se mezclaba con algunas lágrimas de alegría y algunas de dolor, no hubo resistencia a la penetración enérgica, con una mano tomaba las riendas de mi cuello y con la otra me daba grandes azotes en las nalgas, empujaba con furia y yo estallaba en el indescriptible placer de sentirme totalmente suya.

Acabé serena como lago iluminado con las estrellas de la noche, cada estrella era una marca lujuriosa, me incliné para tomar fuerzas y esperar a que me desatara, si bien había sido excitante y tal cual me lo había imaginado, pero no se, algo me faltaba, él desató mis manos adoloridas de sostener mi cuerpo juntas, sacó los pañuelos de mis ojos y mi boca y cuando sentía venir sus brazos hacia el infinito abrazo de dos fetichistas satisfechos, vi en su mano el cepillo, traté de coordinar las emociones y sólo tuve claro que él siempre había mandado y que el castigo aun no había terminado, lloré, lloré de rabia, habíamos pasado un tan buen momento y él quería arruinarlo con spank de más, tendida en el suelo boca abajo sentí como caían los golpes, una y otra vez en mis magulladas nalgas, mi amor se oía cansado arrodillado a mi derecha, golpeando sin acabar, en un momento el cepillo cayó al lado de mi cara, y todo volvió a ser dicha para mi, sus manos recorrían mis nalgas maltrechas y sus besos coronaban la delicia de saber que me costaría sentarme, pero sus manos, cada vez husmeaban más adentro de mis nalgas y en ese momento sus labios se abrieron dejando caer un hilo de saliva desde su lengua, que apuntaba directamente a donde nadie antes había estado, comprendí entonces que la primera parte había sido eso, una primera parte y ahora venía lo que había deseado conocer, el abuso sexual mezclado con el spank, la violación victoriana de la doncella, el ajusticiamiento a la chica malcriada y libertina, el castigo a la esposa celosa o infiel, la humillación de la virginal criada… tantas escenas se cruzaban por mi cabeza, su cuerpo en la entrada socialmente inmune al placer, sus palabras en mis oídos – “Esto te va a doler”- mi grito ahogado en su mano y una noche sacada de mi mejor novela erótica fetich.