Una de las cosas que mas feliz me pone de tener este blog que adoro, es la posibilidad que me ha dado de conocer tantas y tan distintas personas, y dentro de todo ese amplio espectro destaco hoy a mis súper amigos spankees.

Antes de conocerlos, yo pensaba que eran de ese tipo de homosexual que hasta los homosexuales odian, esos que son como medio masoquistas y medio estúpidos, pero, NO para nada son así, la mayoría son heterosexuales sin trancas ni nada… tal como todos nosotros y gustan mucho de los azotes, tal como yo y las spankees, pero ellos gustan de ser azotados por sus esposas, sus amigas, novias, amantes… en fin.

Si bien, claro existen los bisexuales, la mayoría me ha comentado la fantasía de la Tía que viene a su casa a cuidarlo por que la mamá va a salir y que luego de alguna pequeña travesura saca su “chala” (chancla, pantufla, zapatilla de levantarse) y comienza a dejarle el culito rojo mientras los regaña severamente.

Estas malas mujeres a veces, no quedan satisfechas con este castigo y gustan de atormentar a los sobrinitos, poniéndoles ropa de niñita, pintándoles los labios o cualquier cosa que los avergüence hasta las lágrimas.

También son enfermeras aficionadas y no pierden oportunidad de poner supositorios, inyecciones e incluso enemas a los pobres niños que no tienen como defenderse.

Inclusive en algunas oportunidades llaman a sus amigas para que las ayuden a castigar a estos niños malos o para que los afirmen y ellas puedan hacer otras cosas…

Lo peor de todo es que cuando la mamá por fin vuelve al hogar y su pobre niño adolorido y humillado le confiesa las vejaciones sufridas… ella llama a la tía y ¡la Felicita! Y le pide por favor que le enseñe a ella misma como azotarle las nalgas a ese niño malo.

Me decía mi amigo Luis (y me pidió que lo publicara alguna vez) que su adorada esposa le pidió que para el día de “Los Culos Rojos” llamando al 8/8, por favor pasara por el supermercado antes de llegar a casa y comprara una crema de leche en spray para ponerle al postre luego de la cena especial por el día especial.

Luis como buen esposo, luego del trabajo pasó por el supermercado y compró el encargo de su mujer.

Al llegar a casa no había cena especial, sólo una ensalada y unas salchichas, de postre nada, pero si estaba en el medió del living, la “silla de los castigos” en donde luego de terminar su ensalada, su esposa no tardó en sentarse e indicarle a él que se recostara sobre sus rodillas.

Luego de dejarle el culito rojo, lo puso boca abajo en el suelo y la crema de leche comenzó a cubrirle la espalda, las nalgas, los muslos hasta llegar a los pies y su esposa arrodillada a su lado comenzó a lamer eróticamente cada parte de su anatomía cubierta de crema, desde la espalda hasta los dedos de los pies.

Luego, y totalmente erecto, ella le dijo que se pusiera en cuatro para darle unos últimos azotes y correr a la cama a tener el sexo mas maravilloso del mundo.

Luis, en cuatro sobre el suelo, sitió unos suaves azotitos sobre las nalgas, hasta que un dedo intruso comenzó a moverse cerca de su ano, él trató de protestar, pero un fuerte ¡Quieto! Lo dejó paralizado, ese dedo, luego fue una lengua tratando de abrirse paso por su recto, hasta que el envase de la crema estaba dentro de él, inundándolo de crema…

Y así abochornado hasta mas no poder, con una sensación de haberse hecho encima ella lo puso sobre sus rodillas y lo azotó dulcemente mientras la crema se escapaba humillantemente por entre sus nalgas y su esposa decía ¡que maravillosa celebración!