La Agenda

Era un día un día común y corriente, ella se había levantado a eso de las 8-30 y había hecho sus actividades en la casa, a las 13-30 ya tenía la comida lista y todo ordenado, ella arreglada esperando a que él llegara pronto a comer.
Las 14-00 y nada, ella sintió una especie de rabia por ese atraso, pero decidió ponerle fuego nuevamente a la comida y seguir esperando.
Las 15-30 y él aun no llegaba, tenía el celular apagado y la rabia inicial pasó a ser una angustia terrible de no saber si él había sufrido un accidente o algún trabajo urgente.
Las 17-00 y ella como león enjaulado en la casa, después de mil cafés y mil cigarrillos, por fin sonó el teléfono y desde el otro lado estaba su amado… posiblemente pasado de copas, avisándole que no llegaba a almorzar, pero, que llegaba a cenar.
Entonces toda la angustia volvió a ser una rabia transformándose cada minuto en un huracán a punto de tocar suelo.
A las 20-00 cuando por fin el llegó, ella hizo lo que muchas mujeres harían, se puso indiferente, pero, enojada.
El que lejos de estar borracho, estaba muy feliz contándole los pormenores de la reunión que había tenido con sus amigo, comió solo, aun que lo detesta, por que ella le repitió mil veces que ella también había comido sola y que ya no tenía hambre.
En un momento se hizo evidente que ella estaba a punto de estallar con todo lo que había acumulado durante el día y él le dijo “Amor ¿algo te molesta? Dímelo ahora que no quiero pasar una mala noche” anticipándose a todas aquellas veces en que ella contestaba que no pasaba nada y luego lloraba casi escondida por horas y él nunca entendía que pasaba.
Hasta que ella dijo “Podrías haberme dicho que no llegabas a almorzar” a lo que él contestó “Te lo dije” “claro me lo dijiste, a las 5 de la tarde, después de haber estado tan preocupada por ti, eres un desconsiderado, sales con tus amigos y se te olvida el mundo, apuesto que habían mujeres y que bebiste hasta no poder y jugaron poker y perdiste dinero y yo acá, esperándole como una tonta”.
Ella lloraba desconsolada y decía mas cosas que no se entendían, él se paró despacio de su asiento, se puso al lado de su mujer que estaba sentada, le tomó la barbilla y le levantó la cabeza, la miró fijamente a los ojos y le dijo “Amor, ¿dónde está tu agenda?”, ella no lo podía creer, después de todo lo que había pasado, de el día terrible que ella había pasado mientras su marido bebía con los amigos, él venía y le pedía su agenda! Su agenda! Que diablos importaba una agenda en un momento así y aparte la había perdido semanas atrás…
Volvió la voz ronca de su esposo “Amor… tu agenda, tráela por favor”
Fue un segundo un flash back en su cabeza, meses antes habían anotado la llegada de un viejo compañero de la universidad que estaba en África viviendo, habían quedado de ir juntos, pero ella ese día a las 16-00 tenía hora con el médico para controlar una antigua enfermedad.
Entonces ella dijo “No importa amor, vamos a la cama, es que justo hoy tenía ganas de estar contigo… en la cama… te deseo tanto”
Pero… Volvió la voz ronca de su esposo “Amor… tu agenda, tráela por favor"
Y ella roja de vergüenza, le confiesa que la había perdido, el baja la barbilla de su mujer y se sienta a su lado, cariñoso, casi paternal la abraza y le dice, “Bueno Amor, no importa, mañana compramos otra, es que es importante para ti u olvidas todo… en fin… dime Amor ¿cómo te fue en el médico?”
Y fue claro… ella se quedó callada y él lo supo de inmediato, aun que claramente lo había sabido cuando había llamado a las 5 para saber como estaba todo.
Fue solo un movimiento y ella quedó en las rodillas de su esposo, los golpes eran fuertes de inmediato, la falda estaba sobre su cabeza y sus pantys y bragas en las rodillas, sentía un ardor pero no decía nada, esperaba que solo fuesen esas palmadas y nada mas… aun que… nunca era tan poco el castigo.
Pasó mucho tiempo y sobre sus nalgas desfilaron las dos manos de su esposo, un zapato y alguna otra cosa que no pudo reconocer, pero que debe haber estado cerca del sillón del living donde estaban.
Corner time, 5…10…20 minutos, estaba petrificada de frío, los muslos le dolían y sólo quería dormir.
Sintió a su amado tras de ella, su voz suave y paternal la abrigaba de inmediato, contra sus nalgas, sintió el broche del cinturón abrirse, en su cabeza pensó que venía un sexo magnífico y se hizo hacía atrás para facilitar la penetración de su amado, cuando ¡plaf! Y el cinturón dejó su marca roja y delgada en sus nalgas, luego otro y otro y otro, hasta que ya no pudo más y cayó al suelo.
Él la tomo y la ayudo a acostarse, la abrazo durante la noche y al despertar la mañana siguiente, encontró su agenda bajo la almohada.
Algo era seguro, si él no llegaba a almorzar a la hora, ya no se iba a enojar nunca más.




esteban dijo
jajajajaja
son todas unas cabezas duras siempre lo mismo se enojan de la nada nos regañan nos injurian y luego cuando se dan por enteradas que la culpa es de ustedes no aceptan el castigo tranquilas
yo ya me voy a esconder una agenda
esteban
18 Agosto 2007 | 02:02 AM